¿Qué hacemos cuando el pensamiento dice “No puedo”?

Quizá no recordamos cuándo fue la primera vez que dijimos “No puedo” a nuestros papás, hermanos o tutores al haber sido desafiados por una circunstancia nueva en nuestra vida o que en ese momento juzgamos “imposible” de alcanzar según nuestra experiencia.

La realidad, es que la gran mayoría de nosotros tuvimos a “alguien” que nos confrontó con nosotros mismos y quizá en unos casos, salimos airosos habiendo logrado lo que creíamos imposible y en otras ocasiones, reafirmamos nuestra incapacidad tal y como la creamos; quizá lo volvimos a intentar y más adelante ese “no puedo” se convirtió en un “lo logré” o en un “wow qué bien lo hice”.

Con el paso de los años construimos una identidad y comenzamos a reducir la frecuencia de expresar el “no puedo” para no vernos públicamente vulnerables o incompetentes ante la gente que nos rodeaba, llámense amigos, compañeros, familiares, desconocidos; evitando por miedo ser juzgados como “tontos”, “torpes” o “incapaces” de “X” o “Y” tarea que la vida nos presentaba como un desafío.

Sin duda, en algunos casos luego de intentarlo “fallamos”, y ese efecto se “registró” en nuestro sistema de pensamientos, creando una creencia que hasta la fecha que lees esto, sea más bien una “verdad” sobre tu incapacidad sobre el alcanzar ciertos asuntos y quizá, como en algunos casos que estudio de la vida de personas, tengas suficientes elementos para “demostrar” el por qué no eres capaz de tal o cual tarea hasta llamarlo “debilidad”.

La pregunta que te hago hoy: ¿A quién has facultado hoy en tu vida para que te abras a reconocer tus “no puedo”, “no creo que pueda” o “no lo quiero intentar para no fracasar” y te guíe o impulse en la estrategia para salir de tal incompetencia que te podría causar mayores daños no hacerlo?

La otra pregunta como formador de equipos de trabajo, o como papá o hermano es: ¿Qué tan buen acompañante eres de aquellas personas que bajo tu liderazgo demuestran en sus acciones su miedo a “no poder” y qué tan preparado estás para otorgarles estrategias de fortalecimiento para que “puedan” y reconstruyan sus fortalezas?

La vida plena es de aquellos que felizmente tropiezan y no solo se levantan, sino que aprenden del “tropezón” y lo comparten con alguien más  que viene atrás en el camino de la vida.

Te invito a reflexionar sobre este tema y te cuestiones ser un formador con herramientas en tu vida y la de los que te rodean.

Gracias,
Carlos Otero "Manito".

 

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