Detrás de ti, viene alguien más

Hace unos años, se puso de “moda” en el mundo de los negocios, que las empresas tuvieran ciertos distintivos o certificaciones que las avalaran como “Empresas Socialmente Responsables”, surgiendo organismos enfocados a reconocer, nombrar o acreditar empresas con un impacto positivo en esta materia.

Me encanta ver que cada vez hay más empresas convencidas de la oportunidad de generar impacto social en sus comunidades, ya sea del área geográfica en donde se desarrolla su negocio o en otras regiones, y hoy vemos muchos ejemplos como: comedores de alimentos a personas sin recursos, proyectos de educación, salud, incubadoras de pequeños negocios, etc. Hace algunos años, estando vinculado a la dirección de una fundación enfocada en la Educación integral de miles de niños en América Latina, me sorprendía ver el interés genuino de colaboradores de esas empresas que generosamente “querían dar más” y cooperar a favor de más niños y familias en necesidad, incluso generando presión en el interior de sus organizaciones para causar más impacto. En pocas palabras, se ha ido creando una “consciencia” de ayuda a otras personas y se ha descubierto en investigaciones relacionadas con la felicidad laboral, que aquellas personas que participan en los programas de responsabilidad social de sus empresa, son “más felices” en sus puestos de trabajo que aquellos que desempeñan funciones similares y no participan en ello.

El tema que me ocupa como vocero del mundo TodoPositivo es “crear consciencia” de un mundo más allá de nosotros, es decir, un mundo pensando en aquellas personas que “siguen” a nosotros en el mundo diario en el cual nos desarrollamos. ¿A dónde quiero que vayamos a reflexionar?

Todos hemos vivido escenas del día común como: pegarnos un chicle en el zapato que “otro” tiro en el piso y no en un bote, o hemos pisado en un parque o en tu colonia  “los recuerdos” del perrito de un vecino que no tuvo la delicadeza de recoger; o hemos entrado a un baño en la empresa en el que el papel higiénico se ha terminado y nadie avisó para ser repuesto; o tocado una silla por debajo en que alguien “escondió” un chicle en ella; o usado un lavabo en un gimnasio o baño público en el que alguien antes que tu no enjuagó correctamente su barba al haberse afeitado. Ese mundo en el que tú y yo hemos participado me hizo llegar a una reflexión: ¿Realmente estamos pensando y actuando en consecuencia para las personas que siguen de nosotros en este mundo?

Este tema va más allá de las clases de educación cívica, ética ciudadana, valores en el mundo o como las instituciones llamen a una asignatura, es un tema de “consciencia” individual y empresarial, para crear espacios de convivencia que nos unan y no se gobiernen por un sistema de sanciones, cuyo efecto inmediato funciona, pero en el largo plazo no crea dicho proceso de reflexión individual.

¿Qué es crear consciencia? Es asumir la responsabilidad de aquello que nos “toca”, pero ¿qué nos toca a cada uno de nosotros y en dónde está escrito?, y ahí terminaría la discusión de un tema con una persona que no “quiere” asumir dicha responsabilidad más allá de su propia persona.  

Desde mi punto de vista, nos “toca” todo aquello que en otra persona pueda causar una consecuencia por nuestra ausencia o presencia de acción ante una situación, tema que es mi pasión y por la cual acudo a las organizaciones a crear procesos positivos de actitud, es decir, de estados mentales que nos movilicen a la acción.

No podemos ignorar en nuestros espacios de trabajo o familiares, las consecuencias de no “actuar” oportunamente para crear un aprendizaje en el resto de nuestros grupos de trabajo o familias; el desafío es pensar en los demás.  Si yo dejo de hacer algo y las consecuencias fueran negativas para un ser amado, actuaríamos de inmediato, pero a veces creemos que no pasará nada a nosotros o algún conocido por dejar pasar aquello que pensamos “alguien más hará”.

Hoy te invito a que nos hagamos tres planteamientos:

  1. ¿Yo qué tan consciente soydel impacto en mi entorno de aquello que dejo de hacer y podría causar daños negativos en las personas que me rodean? Te invito a pensar no en cosas graves, sino en cosas sencillas como las que cité párrafos atrás: secar el baño de mi empresa o casa, levantar la taza para mantenerla limpia, cambiar el rollo de papel o el garrafón del agua, etc.  Actos sencillos de impacto y causa importante para otros.
  2. ¿Cómo puedo generar una cultura de conscienciaen mi entorno? Sé que no es tarea solo tuya y mía, sino de crear una consciencia colectiva de la que todos formemos parte, permeando esta misma reflexión al nivel de la organización a la cual perteneces y cuyo planteamiento debería originarse en la creación del concepto de negocio o servicio. Este proceso requiere valor y coherencia de tu parte.
  3. ¿Estoy contento con el mundo que estoy “heredando” a mis generaciones siguientes en mi ámbito laboral o en mi familia?, ¿qué te podría estar faltando por haceren este tema de reflexión?; a veces creemos que las personas que cambian el mundo son grandes “héroes” de ficción y no personas comunes y corrientes como tú y yo, capaces de corregir y enmendar oportunamente el rumbo con acciones a favor de otro.

Yo sí creo que definitivamente tú y yo cambiamos el mundo… ¿Lo crees tú?

“Solo son pequeñas acciones las que crean los grandes cambios en el mundo que nos rodea”.

Quizá sea tiempo de comenzar.

Tu amigo
Manito

 

Contáctame:

Gracias por entrar a mi Blog, si te han gustado los temas que aquí se tocan y quieres compartir algo conmigo, deja tus datos y tu mensaje para saber tu opinión o si hay algo en qué pueda ayudarte.