El SABIO es libre y NO superior

Desde muy pequeño aquel pasaje Bíblico en el que el Rey Salomón, hijo de David, pide a Dios sabiduría y conocimiento para gobernar, lo recuerdo como uno de mis sueños y plegarias más poderosas por vivir.

Para SER SABIO hay que aprender a ser sabio y descubrir de modelos de vida, sus lecciones que nos comparten para tener una mayor comprensión de los sucesos de la vida.

En ese descubrimiento aparecen varios tipos de sabios.

He aprendido que no hay ”un solo modelo" de sabio y que algunos de ellos ni siquiera poseen títulos o son públicamente reconocidos por el mundo. Simplemente son sabios por su grandeza para concebir y ayudar a otros a comprender la vida.

Así he descubierto sabios en niños que con una frase me han enseñado a jugar en el presente, otros a decir te quiero sin filtrar la emoción o asfixiarla en la razón; otros han sido ancianitos que han aprendido a vivir y corregir su vida en el otoño, expresando sus emociones y sin miedo al futuro o la muerte, sino viviendo;

otros más poseen profundos conocimientos que me han compartido y hecho comprender como parte de potenciar mi misión de vida.

Otros me han intercambiado el conocimiento por un pago de sus servicios y así de todos hechos considero que Dios, al igual que a Salomón, me ha hecho crecer en sabiduría para extenderla a más personas en sus propios proyectos de plenitud.

Lo que también he aprendido, es que ser sabio no es ser o parecer superior, tal y como falsos modelos parecen dotados de títulos, poder, fama o reconocimiento. He aprendido que poseen conocimiento pero no son totalmente libres.

El verdadero sabio es LIBRE de reglas que limitan, es HUMILDE para hablar y corregir, PRUDENTE en su actuar y MUY FELIZ al saber que compartir lo engrandece.